jueves, 1 de marzo de 2012

La Manojo Pelos.

La "Manojo pelos". Así la llamaban en el barrio. El mismo dónde se crió junto a su hermano Juan, el mecánico.
La "Manojo pelos" porque tenía el corazón negro como las trenzas de una gitana, como el humo de un país que llora guerra.
Milagros lavaba su coche en el porche de su casa. Era práctica común de domingo desde que se había atrevido a salir de casa. Su atuendo: una sudadera y un pantalón de chandal negros. Ni siquiera su madre habría conseguido devolverle el color a su ropa.
Limpiaba el coche. Había arrancado fuerzas de la sonrisa de su hija para que, hoy día 1 de Marzo, saliese de esas cuatro paredes.
Un 1 de Marzo con más mala leche que viento. Teñido con la misma ira que el mismo 1 de Marzo, Miguel fue arrebatado de la vida de Milagros.
No corrían tiempos de crisis para ella. No le afectaba si un partido u otro gobernaba en ese momento. No tenía constancia de cuántas mujeres habían fallecido por violencia de género en lo que llevaba de año. No existía. Vivía porque respiraba. Su anodino rostro se mostraba impasivo con el paso del tiempo. Pero no se daría cuenta hasta que un nuevo 1 de Marzo tropezáse con su vida y le abriera la puerta vestida con el color de la felicidad.

viernes, 17 de febrero de 2012

Primo por parte de madre.

Juani conocía la verdad. Sus mugrientos zapatos no caminarían por una mejor vida que la que recorría todos los santos días: un lujoso camino de tierra que la llevaba a casa de sus tios postizos. De la escuela a casa y de casa, al campo.
Cuidaba de sus 5 hermanos. Llegados al mundo por un polvo más. Mal echado y sin conciencia. Su madre, Celia, hacía todo tipos de trabajos por mero placer al tio de su marido. Un hombre con más vicios que canas en el pelo y papada. Transmitía asco. No sólo por el aspecto desaliñado sino por el olor a vino rancio y a poca vergüenza.

Juani tenía la tez propia de los González. Color otoño. Otoño marchito y triste. Como el de las postales que se envían con cierta nostalgia. Todos los hermanos eran gotas de agua. Idénticos y escurridizos. Excepto Manuel el pequeño. Él no recordaba a la caída de la hoja caduca. Rozaba más el apellido "bastardo" pero endulzaba la vida de su hermana mayor con una mirada cristalina, azul como las promesas de verano.
La llegada de Manuel al mundo fue la que todos esperaban. La confirmación de que su madre era pansexual de nacimiento.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿AIT?


-Definitivamente mi Accidente Isquémico Transitorio viene de la mano de unas cuantas irregularidades, doctor.

-¿Ah sí? Cuénteme.

-Pues mire:
-Tengo media familia alopécica y la otra media, loca.
-Un hermano que no ha desarrollado la paciencia ni el auto-control.
-Una tía que liga en Badoo.
-Una madre con las manos tatuadas de rotulador azul y toallitas con olor a limón.
-Un padre hipocondríaco de Lunes a Sábado y sólo hasta la hora de la partida.
-Una perra que cree ser La joven de la Perla, sí, de Vermeer.
-Una tortuga en acogida.
-Ah!Tengo barba. No sé porqué pero la tengo. Y me gusta.

sábado, 4 de febrero de 2012

Apartando miserias.

Maullaba un gato. Sería la única balada de acompañamiento que tendría Elisa esa noche. La primera de las noches que no sería regada ni con una mísera micra de alcohol.
Ya no tendría dolor de cabeza a la mañana siguiente. Su colchón Pikolín dejaría de dar vueltas. Y su vecina Carlota no asumiría el papel de despertador a la hora del café Camello recién hecho.
Todo estaba planeando según la 1ª conjugación: Despertar, desayunar, duchar, aparentar, andar, trabajar, regresar.
No era monótona. Se valía por sí misma y añoraba tomar el Cola Cao al lado de su abuela. Tenía rachas de manía persecutoria. Sobre todo los jueves.
Pero había aprendido a vivir con ellas y parecer una chica tímida después de un polvo en el baño de una estación de tren...

Casas de Madera.

No sabía porqué lo había decidido. O bueno, quizás sí.
Estaba cansado de esperar una oportunidad prostituída con todos menos con él. No quería una relación basada en fluídos temporales. Anhelaba algo tan sólido y duradero como su pasión por ella.
Sólo le interesaba trabajar para alimentar minutos de una vida rutinaria y llena de paseos al paredón. De Lunes a Sábado.
Conocía al milímetro las inquietudes artísticas de muchos que lo rodeaban e incluso, de los que a su paso aprenderían el maravilloso arte de hacer. Hacer lo parecido, lo similar y en muchos casos, el increible y para nada oculto arte de copiar con descaro lo ya existente. Mimetizar la falta de creatividad era algo que Adrián detestaba y nunca llegaría a comprender. La evolución, dejada de la mano de cualquier maleante.
Pero la decisión estaba tomada. Lo importante era trabajar y trabajar.
Si a su puerta llamase algún día esa ramera, sabría que decirle: "Sólo estoy para mis casas de madera".